La trampa de la Anorexia ¿Qué se esconde detrás de los síntomas?

La trampa de la Anorexia ¿Qué se esconde detrás de los síntomas?

4 junio, 2018

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Laura se ha sentido desde pequeña insegura, poco interesante y sin nada especial que ofrecer a los demás.

Se acercaba a personas que consideraba seguras, interesantes, “simplemente mejores” para poder formar parte de un grupo.

Recibía comentarios positivos acerca de su cuerpo y con el tiempo pensó que era lo único que ella podía ofrecer de sí misma, descontando así todas las cualidades que tenía.

Con el tiempo la vergüenza y la crítica fueron creciendo y sentía que la única forma de sentirse “segura” era controlando lo que hacía y decía cuando estaba con otras personas.

El miedo mostrarse y ser rechazada fue incrementando y la única forma de calmar la angustia que sentía acabó por llevarla a controlar lo que comía.

Ese “control” en la comida empezó siendo algo sutil pero sin darse cuenta eliminó gran parte de los alimentos, llegando incluso a eliminar algunas ingestas del día.

Hacer ejercicio, comprobar los cambios en su cuerpo frente al espejo o sobre la báscula le proporcionaba sensación de triunfo.

En la cabeza de Laura resonaba la frase “Con un mejor cuerpo me sentiré mejor y me será más fácil relacionarme con los demás”.

Sin embargo, cada vez le costaba más ir con sus amigas o conocer gente nueva. En ellas veía espontaneidad, autenticidad y calma pero ella sentía rigidez, vergüenza y miedo. Poco a poco, con escusas dejó de tener contacto con ellas. Al mismo tiempo, los estudios y el trabajo se convirtieron en un “refugio” al que dedicaba la mayor parte del tiempo.

Así es como su habitación se fue convirtiendo, sin darse cuenta, en una cárcel en la que parecía sentirse bien. Allí no sentía presión, solo una (falsa) seguridad, calma y satisfacción.

Ponía escusas a sus amigas y familiares cuando había celebraciones, en las que muchas veces, hay mesas llenas de platos de comida. Ella se decía que no era sólo por la comida, sino que tampoco se sentiría a gusto allí. Las pocas veces que iba decía encontrarse mal para poder comer menos o comer algo diferente.

La menstruación se le retiró pero pensó que sería por un cambio hormonal o estrés, de la misma forma que ocurría con la caída de cabello que observaba desde hacía unos meses.

Sin saber muy bien cómo había ocurrido, Laura sentía que lo único que le daba consuelo era ver como el número que marcaba la báscula era cada vez inferior. Si esto no ocurría sentía descontrol, culpa y malestar que le duraban hasta la siguiente vez que se pesaba y el peso volvía a disminuir.

Dejó de sentir. El control de la comida y del peso era una anestesia con la que consiguió dejar de sentir soledad, tristeza y rabia.

Lo que sí sentía es que era capaz de estar bien sin necesitar a nadie y eso parecía reconfortarla. Con ese pensamiento, solo se necesitaba a ella misma y no corría el riesgo de ser “abandonada” por nadie y sentir dolor si ocurría tal cosa. Cuando pensaba en eso se veía poderosa y fuerte por unos instantes.

Sin embargo, el espejo le devolvía otra imagen “estás gorda y fea” y todas aquellas cosas que en lo más profundo ella pensaba de sí misma. Por mucho que cambiaba su cuerpo, la imagen que ella veía no cambiaba.

Una amiga íntima de Laura le hizo ver que había dejado de hacer cosas que antes le interesaban y que prácticamente ya no quedaba con el grupo de amigas. También que su aspecto físico había cambiado mucho, pero sobre todo, que la notaba más triste y encerrada en ella misma.

Laura empezó un proceso de terapia en el que poco a poco empezó a confiar en el terapeuta que le acompañaba en el proceso de descubrir qué era lo que le ocurría.

Con el paso del tiempo fue descubriendo todos los sentimientos que se escondían detrás de un plato de pasta. El miedo, la tristeza y la inseguridad fueron emergiendo al poner palabras y dejar a un lado la comida.

En ese trabajo terapéutico, Laura aprendió a mostrarse y aceptar lo que le gustaba y sobre todo lo que no le gustaba de ella y aprendió finalmente a quererse y dejar que los demás pudieran acercarse a ella.

En los Trastornos de Conducta Alimentaria la comida, el peso y la imagen del cuerpo se convierten en una forma de “tapar”, de no sentir ni pensar en todo aquello que produce dolor, sufrimiento y miedo. Mientras se pone el foco en lo físico no se contacta con todo aquello tan difícil de manejar que tienen la persona en el interior. La vulnerabilidad, las necesidades y los miedos quedan anuladas para así no sentirlas.

Cristina de Francisco
Psicóloga de Adultos y adolescentes. Especialista en Análisis Transaccional, Trastornos de Alimentación y Trastornos de la Personalidad

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