El papel de la familia en la terapia de los hijos

El papel de la familia en la terapia de los hijos

21 octubre, 2020

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Muchos sabréis que iniciar un proceso terapéutico no es nada sencillo para una persona adulta. Entonces os podréis imaginar que para un niño/a o adolescente menos aún. Y, os preguntaréis ¿Cuál es el papel de la familia en la terapia de los hijos?.

En los tratamientos psicológicos infantiles y juveniles, puede suceder que la familia del paciente sea un hándicap o por lo contrario un factor que favorece avanzar en la terapia y por lo tanto llegar antes al bienestar emocional tan deseado de su hijo/a.

Mi hijo/a va a terapia pero yo sigo igual

En este artículo encontraréis  7 puntos importantes para conseguir ser un motivo por el que vuestro/a hijo/a avance mejor. Y eso hará que su proceso terapéutico sea mucho más rápido.

Siete tips para explicarte el papel de la familia en la terapia de los hijos.
  1. Confidencialidad

En la psicología de adultos todo el mundo tiene muy claro de qué se trata la confidencialidad. Poder establecer un vínculo seguro y de confianza con alguien que sé que no me va a juzgar ni va a contar lo que le cuente y por ello puedo abrirme del todo y hacer un trabajo real conmigo mismo/a.

Pero, ¿Qué pasa con la confidencialidad de los y las menores? La mayoría de  padres y madres quieren estar al corriente de qué trabajo hace su hijo/a en terapia. Si avanza o no, qué  explica, etc. Y es comprensible, pero eso no debe privar a los y las menores a tener su derecho de intimidad. Que como adultos de referencia de ese/a menor  podáis respetar su privacidad, va a permitir que vuestro/a hijo/a llegue a abrirse y conectar muchísimo mejor con el terapeuta y con su proceso terapéutico.

¡Y no os preocupéis!  La terapeuta sabrá cuándo y qué información daros y vuestro hijo/a también.

  1. Acompañamiento:

Es fundamental que vuestro hijo/a vea y sienta que su proceso también es importante  para vosotros. Que podréis estar ahí para él/ella cuando lo necesite y que vosotros también estáis dispuestos a trabajar y mejorar lo que haga falta para que todos os podáis sentir mejor.

A veces sucede, sobre todo con adolescentes, que sus padres y madres ya le ven mejor y consideran que ya no necesitan seguir viniendo a terapia. Es normal que este pensamiento venga a veces, y será igualmente importante hablarlo con el psicólogo/a. También escuchar al adolescente cuando expresa que le va muy bien y sigue queriendo ir. Así, el final de la terapia es siempre pactado entre las partes que la componen y todo el mundo se siente tenido en cuenta.

  1. Validación:

Este punto es esencial en un proceso de terapia y a lo largo de toda la vida. La validación podríamos entenderla como un “no juzgar” las emociones, sentimientos y pensamientos de mi hijo/a. Probablemente, en terapia encontrará que es lícito sentir lo que siente y que no debe pensar que él/ella es peor por ello. Es por eso que, si en casa encuentran también una validación emocional, una ayuda en la regulación emocional y una ausencia de juicio, aprenderán antes a poder expresarse más libremente. Aprenderán también a librarse del “autojuicio”. En definitiva sentirán y entenderán que en sus adultos referentes hay un refugio seguro.

  1. Modelaje:

Este punto va muy ligado al anterior. Se trata de poder ser un ejemplo a seguir para vuestros hijos/as en cuanto a la regulación emocional, la gestión de conflictos, la manera de comunicarse, etc.

Habréis oído que los más pequeños y pequeñas son como una esponja, pues también lo son a la hora de copiar comportamientos. Por lo tanto, si por ejemplo, llevo a mi hijo/a terapia para que aprenda a gestionar mejor la ira, será totalmente contraproducente que cuando yo me enfade le grite o le acabe pegando “porque si no, no reacciona”.

A pesar  de que no siempre es fácil poder actuar ante una situación como quisiéramos, es importante que tratemos de ser coherentes el máximo posible. También que  recordemos que todo lo que haga o diga va a servir de modelo para mis hijos/as.

  1. Revisión y reflexión:

Si siguiéramos desarrollando el punto anterior, aparecería este punto. Durante el proceso de terapia de vuestros hijos/as, es probable que encontréis que ellos/as os hacen de espejo más de lo que pensabais. Es decir, seguramente encontraréis muchos aspectos que no os gustan de vuestros hijos/as que acaban siendo un vivo reflejo de maneras de ser o de hacer de uno de los dos progenitores o de ambos. Por lo tanto, durante todo el camino, será fundamental que vosotros podáis revisar aquellos aspectos que os chirrían de vuestros hijos/as. También en vosotros mismos, ya que a menudo aquello que más nos molesta es algo que teníamos en nuestra forma de hacer y no nos gustaba de nosotros mismos hayamos conseguido o no modificarlo.

  1. Cambio de patrones o pautas que no nos están funcionando:

Esta parte también es importantísima, ya que vuestro hijo/a estará haciendo un gran esfuerzo por modificar aquellas conductas que no funcionan en el sistema familiar. O al menos eso es lo que se espera de el/ella. Por lo tanto, si queremos facilitarle un poco la vida, es básico que también haya cambios en nuestra manera de funcionar como padres y madres.

Si recuperamos la frase de Albert Einstein “Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, entenderemos de manera muy clara este punto.

Además, durante todo el proceso, la terapeuta os podrá orientar y hacer ver cuáles son aquellas maneras de funcionar contraproducentes o que pueden estar ayudando a mantener la situación problemática que queréis eliminar. Es aquí cuando será más que necesario que podáis estar receptivos a adaptar maneras de hacer que ya no están sirviendo a vuestra familia como sistema y tampoco a vuestro hijo/a como individuo.

  1. Consciencia:

Por último y muy importante, tener consciencia de qué implica un proceso terapéutico. Habrá momentos en que no será fácil, en que sentiré que no me salen aquellas pautas que he pactado con la psicóloga para aplicar con mi hijo/a, podrá parecer que mi hijo/a no avanza o que está un poco peor.

Así, el papel de la familia en la terapia de los hijos requiere mucha  intención y consciencia. Por ejemplo, cuando queremos ir al gimnasio y perder peso o ganar fuerza, sabemos que será un proceso más o menos largo, que habrá momentos de cansancio e incluso falta de motivación y también parecerá complicado sino imposible madrugar los días de frío para ir hasta allí. Pues un proceso terapéutico de nuestros hijos/as en el que nos tendremos que implicar, es algo parecido. Tendré que ser consciente de que no podré aplicar todas las pautas de golpe, que tendré que ir modificando pequeños aspectos progresivamente y que podrá haber momentos incluso de frustración. Pero recordemos que también somos humanos y que cualquier trabajo y cambio implica un poco de esfuerzo y sobre todo si trata de los más pequeños hará falta mucha paciencia y amor.

Coral Rodríguez. Psicóloga Infanto Juvenil. Especialista en Bienestar Emocional Infanto-Juvenil.  Trastornos de conducta y Educación y Gestión emocional. Terapeuta Mindfulness.

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