Cuéntame que le ocurre al vecino de al lado, que me siento muy triste.

Cuéntame que le ocurre al vecino de al lado, que me siento muy triste.

26 mayo, 2020

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Hablamos, nos comunicamos, y eso es lo que nos diferencia como especie. El lenguaje se convierte pronto en nuestro mecanismo básico de comunicación. Nos ayuda a reforzar lazos sociales y se cuenta, que ya desde tiempos ancestrales, se utilizaba para conocer mejor a la tribu.

Seleccionamos información y la compartimos con las personas de nuestro entorno. Hablamos del tiempo, del trabajo, de los colores de la ropa de primavera… Pero cuando toca hablar de sentimientos mucho mejor si hablamos de los del vecino de al lado.

Hablamos sobre si ha cogido peso, si engañó a su novio. Hablamos de su mal carácter de últimamente, de si se ha enfadado con su madre, o sobre que siempre anula las citas…. Es más sencillo hablar sobre otros. Emitir juicios de valor u opinar sobre sus vidas que ser desgarradoramente sinceros dejando salir a nuestros propios monstruos. Y así, pasamos las tardes. Comentando sobre otros lo que no nos atrevemos a decir de nosotros mismos porque nos da vergüenza reconocer sentimientos y emociones propios. Reparando vidas ajenas frente a un café con unas amigas que no saben de ti. Soltando las lágrimas de noche, como confidentes, tu almohada y tu soledad.

El resultado, nos conocemos muy poco unos a otros. Es posible que la persona que esté sentada a tu lado esté sufriendo anorexia, tenga ansiedad o miedo a afrontar un futuro que ve demasiado incierto y que tu ni siquiera lo sepas.

Entonces, ¿Está bien hablar sobre mis sentimientos?

Lo que no nos cuentan es que hablar de nuestros propios sentimientos con los demás es terapéutico. Que ser fuertes a nivel emocional no quiere decir que siempre debamos sentirnos bien; sino todo lo contrario. Quiere decir, que debemos aprender a compartir nuestra intimidad. Aun con miedo de ser juzgados o vistos de forma distinta por las personas que tenemos al lado. Y escuchar, estar pendientes de la intimidad que nos comparte el otro. No para repararla, no para cambiarla. Solo Escuchar.

Con el tiempo aprenderemos que, cuando somos nosotros mismos, sin barreras, hay ciertas personas que se van, pero otras que se quedan a nuestro lado. Esas son las importantes. Las que tal vez no nos llaman para salir, pero nos escuchan de forma incondicional cuando estamos rotos. Las amigas que, cuando te caes, se tumban a tu lado en el suelo hasta que tienes fuerza para levantarte de nuevo.

El primer paso es aceptarte a ti, con todas tus versiones.

A lo largo de nuestra vida vamos a sentirnos ansiosos, desdichados, o temerosos en múltiples ocasiones. Porque la vida es muy complicada. La vida es cambio, revés, injusticia, éxito, pérdida, alegría, amor, desamor… Necesitamos compartir todo esto. Apoyarnos de forma sincera en los demás, normalizar nuestras emociones y no esconderlas.

No esperes a que el otro esté ahí para ti. Ve. Cuéntale cómo te sientes, y qué te hace sentir así. Cuéntale tus miedos y lo tontos que a veces te parecen. Dile qué necesitas, si lo sabes. Dile cómo puede ayudarte. Llora, grita, ríe y vuelve a llorar. Hasta que puedas regular tu emoción de nuevo y tal vez juntos, llegar a pensar en una forma de mejorar el momento. Esas son las relaciones de verdad. Las que das permiso para entrar en tu mundo. Las que pueden ver las partes de más luz, pero también las más oscuras.

Y da eso también a los demás. Permíteles contarte cuan preocupados se sienten sin simplificar sus sentimientos. Aprender a validar las emociones del otro, a comprender que son profundas, aunque no las entendamos, nos mantendrá más unidos.

Y cuando salgas a la calle recuerda; todo el mundo tiene su historia. La que rara vez cuenta, esa de la que no habla. La que no sale en las fotos de las redes sociales. Piénsalo antes de juzgar. Mira a los demás con compasión, como te gustaría que te mirasen a ti.

Las personas al igual que nosotros quieren ser felices, tener éxito, ser amadas, sentirse queridas, reconocidas. Como dijo John Done, ningún ser humano es una isla. Todos compartimos los mismos miedos, al fracaso, a la soledad, a que no nos quieran. Todos hemos sentido ansiedad en algún momento, hemos pasado por muchas dificultades y fracasos, por muchas equivocaciones. Todos intentamos aliviar nuestro sufrimiento como sabemos. Tú también. Esa persona que está frente a ti, también.

Acuérdate que esa persona que anda a tu lado también quiere ser feliz, como tú. También quiere sentirse protegida, cuidada, amada… como tú… Respira. Y siente como a través de estas palabras podemos conectarnos con las demás personas.  Porque todos tenemos sentimientos parecidos y compartirlos no nos hace débiles, nos hace humanos e infinitamente más fuertes.

Raquel Molero. Directora y Psicóloga en ARA Psicologia. Experta en estrés postraumático, trauma complejo y personalidad. Mindfulness, EMDR y Somatic Experiencing.

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